miércoles, 19 de noviembre de 2014

TRATADOS DE ARBOLES Y ARBUSTOS ( II ) HAYA COMUN

                                                       Haya común ( Fagus sylvatica )


 El haya común (Fagus sylvatica) es un árbol caducifolio de la familia de las fagáceas.
 Tiene el porte robusto y gran tallo, que alcanza los 35 ó 40 m, con un tronco recto que lo hace muy valioso, y una copa ovalada en su tercio superior. Si el árbol crece aislado (no en espesura) cambia radicalmente, se abre muy pronto, siendo algo irregular, ramificándose desde abajo y variando mucho la copa.
Conserva la corteza prácticamente lisa durante toda su vida, de un gris ceniciento o blanquecino. Los ramillos tienen un crecimiento singular en zig-zag. Las hojas son simples, alternas en los tallos jóvenes, en los adultos salen en fascículos sobre pequeños braquiblastos, y caedizas. Son de pecíolo corto, y el limbo es de forma ovalada, con el borde ondulado, en principio algo festoneado y prolongándose en un vello sedoso muy característico. Tienen los nervios laterales bien marcados y paralelos (penninervia), son de un color verde muy vivo por el haz volviéndose más oscuras en la madurez, y se disponen siempre en posición muy horizontal, captando la mayor cantidad de luz posible. Ello hace que sus bosques tengan un aspecto un tanto sombrío, casi propio de cuento de hadas, no permitiendo crecer en el suelo a apenas ninguna otra planta. Frecuentemente, sin embargo, crece en bosques mixtos con el abeto y otras especies del bosque caducifolio. A los bosques de hayas se les llama hayedos o hayales.
El haya necesita suelos frescos y fértiles, sin embargo logra vivir en suelos silíceos. Como tiene una elevada tasa de transpiración, necesita abundante lluvia. Es una especie de sombra y por eso prefiere situarse en las montañas y los montes.
  Es planta monoica y le crecen las flores masculinas agrupadas en inflorescencias globosas al final de un largo pedúnculo. Las femeninas salen en grupos de una a tres, rara vez cuatro, sobre un pedúnculo corto y erecto, en principio de color amarillento y después pardo-grisáceo, y producen al fecundarse unos frutos con forma de tetraedro, alargados y lustrosos, comestibles (con sabor a pipa de girasol) y en número de 1 a 3, encerrados en una cúpula con picos blandos (no pinchudos) que al madurar se abre en 4 valvas liberando las semillas o hayucos. Estas semillas son muy ricas en almidón, aleuronas y sustancias oleosas. Se utilizan en la alimentación del ganado de cerda y, también en la extracción de un aceite para quemar o para usos comestibles ya que tiene la propiedad de no volverse rancio.
 En España es infrecuente fuera de la Cordillera Cantábrica o los Pirineos. Hay hayas, sin embargo, en las laderas del Moncayo, en el parque natural de los Puertos de Tortosa-Beceite (Tarragona), siendo el hayedo más meridional de España, y en algunos bosques del Sistema Central, en Tejera Negra (Guadalajara), la Pedrosa (Segovia) o en Montejo de la Sierra (Madrid). En Ciñera de Gordón (León) se encuentra uno de los hayedos mejor conservados. También es frecuente en las montañas del País Vasco y el Valle del Rudrón (Burgos; también dentro del Sistema Ibérico se encuentran abundantes hayedos en las montañas de La Rioja, estando los más extensos en la Sierra de la Demanda, en los valles de Tobia, Cárdenas y Valvanera. El límite occidental de su distribución está en las montañas orientales de la comunidad gallega y el límite occidental costero se encuentra en el concejo de Valdés (Asturias). En esta última comunidad destaca el mayor hayedo de la comunidad, el de Monasterio de Hermo en Cangas del Narcea a muy pocos km de uno de los mejores robledales de Europa, el de Muniellos.
 Etimología
Fagus: nombre genérico latíno que se remonta a una antigua raíz indoeuropea que encuentra parentesco en el griego antiguo φηγός phēgós "tipo de roble"
sylvatica: epíteto latíno que significa "que crece en los bosques, silvestre". 





9 comentarios:

  1. Muy hermoso el marcapáginas , como todos los de esta serie y el "acompañamiento " interesante como siempre.
    Un abrazo.

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  2. Otra gran muestra de las ilustraciones de botánica, que ya están entre mis preferencias en la colección.
    Un abrazo.

    Justa

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    1. Es lógico que estén entre tus preferidos.
      Un abrazo

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  3. Que maravilla adentrarse entre los enormes troncos y hojas caídas de estos enormes árboles norteños. Y, que agradable resulta disfrutar del olor de la humedad que se respira en dichos lugares mientras se puede observar el enorme tronco caído de un ejemplar en descomposición, alimentando a tantos seres vivos y enriqueciendo el suelo.
    Bellos maracapáginas.

    Saludos.

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    1. Sin duda, adentrarse en esos bosques de árboles centenarios produce una sensación Indescriptible. Por aquí no tenemos hayas, pero sí castaños y robles, que producen la misma sensación.
      saludos

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  4. Cuac cuac

    Pinilla, más de lo mismo: bonita entrada, bonita serie de marcas....cuacuacuacuacuac.

    Javier G., si te dieses un paseo por los jardines de Aranjuez, podrías vivir una sensación si no igual, sí muy parecida.

    Alazos. Pato

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  5. No creo que a Javier G. le produzcan la misma sensación los jardines de Aranjuez, que los bosques " salvajes " de nuestra geografía. Tengo un amigo que posee una pareja de azulones en un corral y te puedo asegurar que no producen la misma admiración que cuando los ves en libertad y, sin embargo, el colorido es el mismo. Pues eso.
    Un abrazo

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